3 feb 2009

Nuestra riqueza

De pronto resulta realmente agobiante vivir en una sociedad que de alguna forma te exige un prototipo de persona.
De forma casi instintiva, se nos exige estudiar en una prestigiosa universidad, estudiar una carrera de elite, y ganar el máximo de dinero posible. Ante esto, se produce una presión insoportable y en la mayoría una desorientación vocacional por intentar conseguir este prototipo de persona exitosa.
Combatir esta enfermedad en la que estamos inmersos es una gran tarea que todos los jóvenes, aprovechando nuestras energías, debiésemos concientizar.
Creo que la mejor manera de combatir, es primeramente cambiarnos a nosotros mismos y descubrir que lo que realmente nos da valor es la infinita riqueza que poseemos dentro de nosotros.

A partir de mi experiencia de vida, ese contacto con Cristo me hizo descubrir eso bello que poseo dentro de mi. Cada día que pasa, se me revela a Cristo porque redescubro y sale a luz una belleza nueva; una belleza que me llena de asombro y que esta presente por el solo hecho de existir.
Yo me redescubro porque la conciencia de nuestras faltas, el arrepentimiento, la tristeza, nacen por una necesidad de algo más y eso me revela que poseo un deseo profundo de felicidad, un Yo interno valiosísimo, un tesoro que de apoco sale a luz y quien hace posible esto, es Cristo; porque he descubierto que mi corazón esta hecho para seguirlo y reconocerlo.


Todos sin excepción valemos y somos amados por Él, ese es el mayor misterio y que hace tan especial ese amor, porque siempre esta presente, a pesar de nuestras faltas. Por ello, la conciencia de ser seres humanos es una de las principales virtudes de una persona santa, que no es un súper hombre como a lo mejor se piensa, es un hombre que vive profundamente su propia humanidad.


Maravillémonos del otro, de eso que lo hace diferente. Asombrémonos de la diversidad. Florezcamos, conozcámonos a nosotros mismos, descubramos nuestra belleza. Eso es lo que realmente nos da valor como personas.

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